Newman Business Review
Vol 12 N° 1 | Junio 2026 p. 072 - 091 ISSN: 2412-3730 DOI: http://dx.doi.org/10.22451/3002.nbr2026.vol12.1.10120
Descripción de los autores:
Diana Carolina Alvarez Valdivia
Licenciada en Administración Banca y Finanzas con cursos de especialización en atención al cliente, manejo de herramientas ofimáticas a nivel intermedio y gestión financiera.
Gonzalo Teófilo Moya Bejar
MBA con Especialidad en Dirección General por la Escuela de Postgrado Universidad San Pablo – IEP, Madrid España; Maestro en Educación Superior y Gestión Educativa por la UTP. Candidato a Doctor en Administración de Empresas – DBA por la UNSA. Candidato a Maestro en Economía con mención en Gestión Pública por la UNSA. Licenciado en Administración de Empresas por la Universidad Católica de Santa María; diplomaturas en recursos humanos, logística, comercio exterior, cursos de especialidad en data science – marketing digital - gestión de proyectos.
Reynel Amador Evangelista Paytan
Licenciado Administración Banca y Finanzas, candidato a Maestría en docencia universitaria Educación y Gestión Educativa en la UTP.
César Augusto Medrano Rodríguez
Maestro en Administración Estratégica de Empresas, MBA-CENTRUM, en la Pontificia Universidad Católica del Perú, Licenciado en Economía, Especialización en Formulación y Gestión de Proyectos de Innovación y Creatividad, Gerencia de Pymes, Gestión Financiera, Gestión de Ferias, Rueda de Negocios y Misiones Empresariales y Gestión Educativa. Se ha desempeñado como Funcionario en el Sistema Financiero y Bancario, actualmente es Coordinador Académico de la Universidad Tecnológica del Perú – UTP. Consultor y Asesor Económico - Empresarial
Raúl Oswaldo Pango Rondón
MBA in Business Administration and Management from the University of Tarapacá in Arica, Chile. Bachelor of Business Administration from the University of Tarapacá in Arica, Chile.
Diana Carolina Alvarez Valdivia 1, Gonzalo Teófilo Moya Bejar 2, Reynel Amador Evangelista Paytan 3, César Augusto Medrano Rodríguez 4; Raúl Oswaldo Pango Rondón 5
1Universidad Tecnológica del Perú, Lima, Perú (u19202421@utp.edu.pe) ; 2 Universidad Tecnológica del Perú, Lima, Perú (c16446@utp.edu.pe) ; 3 Universidad Tecnológica del Perú, Lima, Perú (u17206059@utp.edu.pe) ; 4 Universidad Tecnológica del Perú, Lima,
Perú (cmedrano@utp.edu.pe) ; 5 Universidad de Tarapacá de Arica, Chile
Resumen
Este estudio analiza la relación entre la resiliencia financiera, la actitud financiera y el bienestar financiero en Millennials de Arequipa, en un contexto de inestabilidad económica. Método un enfoque cuantitativo, con diseño no experimental, transversal y alcance descriptivo-correlacional. La muestra estuvo conformada por 483 participantes, a quienes se les aplicó un cuestionario basado en escalas validadas con formato Likert de siete puntos. Resultados, muestran que la actitud financiera mantiene una relación positiva y estadísticamente significativa, aunque de baja magnitud, con el bienestar financiero, evidenciando que factores como el autocontrol, la planificación y la orientación al ahorro influyen en la percepción de estabilidad económica. Por el contrario, la resiliencia financiera no presenta relaciones significativas ni con el bienestar financiero ni con la actitud financiera. Estos hallazgos sugieren que, en contextos urbanos como Arequipa, el bienestar financiero se asocia principalmente a factores psicológicos y actitudinales inmediatos, más que a
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capacidades estructurales de adaptación ante choques económicos. Conclusión, contribuye a la literatura al destacar la relevancia de la actitud financiera y plantea la necesidad de investigaciones longitudinales que permitan analizar el papel dinámico de la resiliencia financiera.
Palabra clave: Actitud financiera, bienestar financiero, resiliencia financiera, Millennials.
Abstract
This study analyzes the relationship between financial resilience, financial attitude, and financial well-being among Millennials in Arequipa, within a context of economic instability. A quantitative approach was employed, using a non-experimental, cross-sectional design with a descriptive correlational scope. The sample consisted of 483 participants, who were administered a questionnaire based on validated scales using a seven-point Likert format. The results show that financial attitude maintains a positive and statistically significant relationship albeit of low magnitude with financial well-being, indicating that factors such as self-control, planning, and savings orientation influence the perception of economic stability. In contrast, financial resilience does not present significant relationships with either financial well-being or financial attitude. These findings suggest that, in urban contexts such as Arequipa, financial well-being is primarily associated with immediate psychological and attitudinal factors rather than with structural capacities to adapt to economic shocks. In conclusion, this study contributes to the literature by highlighting the relevance of financial attitude and underscores the need for longitudinal research to analyze the dynamic role of financial resilience.
Keywords: Financial attitude, financial well-being, financial resilience, Millennials.
Introducción
En el Perú, la dinámica empresarial muestra una alta rotación de unidades económicas, especialmente en sectores con bajas barreras de entrada como comercio minorista, servicios de comidas y bebidas, y actividades de servicios personales. En el segundo trimestre de 2025 se registraron 3,335,445 empresas activas, con 88,654 altas y 58,120 bajas; tan solo el comercio y reparación de vehículos reportó 34,443 altas y 21,718 bajas, mientras que el comercio minorista acumuló 20,494 altas y 10,135 bajas. Además, las personas naturales con negocio concentraron el 59,7% de altas y el 46,2% de bajas, con un liderazgo femenino notable en comidas y bebidas (63,9% de altas) y en comercio minorista (60,5% de altas). Este panorama evidencia condiciones críticas de supervivencia para microemprendimientos y subraya la necesidad de comprender cómo la resiliencia financiera explica la actitud financiera y, a su vez, el bienestar financiero en escenarios de inestabilidad que afectan la sostenibilidad financiera de la población (INEI, 2025). Esta situación impacta de manera particular a los Millennials, quienes han desarrollado sus trayectorias en contextos marcados por cambios tecnológicos, incertidumbre laboral y transformaciones económicas. En este contexto, el bienestar financiero se posiciona como un componente clave del bienestar general, al integrar no solo la capacidad de cubrir necesidades económicas, sino también percepciones subjetivas como la seguridad, la tranquilidad y la satisfacción con la situación financiera (Buchtová & Dare, 2025; Vieira et al., 2023). Asimismo, este constructo presenta una naturaleza multidimensional y dinámica, influenciada tanto por factores económicos como psicológicos y conductuales (Santini et al., 2025).
Dentro de los determinantes del bienestar financiero, la resiliencia financiera ha cobrado relevancia como la capacidad de los individuos para adaptarse, resistir y recuperarse frente a perturbaciones económicas, movilizando recursos internos y externos como el conocimiento, el ahorro y el capital social (Salignac et al., 2019; García-Santillán et al., 2024). Esta capacidad no solo contribuye a reducir la vulnerabilidad económica, sino que también favorece la estabilidad y sostenibilidad
financiera a largo plazo (Curry, 2025). Por otro lado, la actitud financiera, entendida como la predisposición cognitiva, afectiva y conductual hacia la gestión del dinero, influye directamente en la toma de decisiones financieras responsables, promoviendo prácticas como el ahorro, la planificación y el control del gasto (Potrich et al., 2015; Talwar et al., 2020). La evidencia empírica sugiere que las actitudes financieras positivas constituyen predictores consistentes del bienestar financiero, incluso por encima del conocimiento financiero (Bushra et al., 2023; Buchtová & Dare, 2025).
No obstante, a pesar de los avances teóricos, persisten vacíos en la literatura respecto a la forma en que estas variables interactúan. Diversos estudios han priorizado el análisis del conocimiento y el comportamiento financiero, relegando el papel de la actitud financiera como un factor que podría activar o fortalecer la resiliencia financiera (Rai et al., 2019; Sangeeta et al., 2022). Asimismo, la mayoría de las investigaciones se han desarrollado bajo enfoques transversales y con modelos parciales, lo que limita la comprensión de relaciones más complejas, como efectos de mediación o interacción entre variables (Clark & Mitchell, 2022; Santini et al., 2025). En este sentido, aunque se reconoce que la resiliencia financiera puede actuar como un mecanismo amortiguador frente a shocks económicos, aún no se ha explicado de manera suficiente cómo las disposiciones actitudinales contribuyen a su desarrollo (Curry, 2025).
Frente a este panorama, surge la necesidad de abordar estas variables desde un enfoque integrador que permita comprender sus interrelaciones en contextos específicos. Por ello, el presente estudio tiene como objetivo analizar la relación entre la resiliencia financiera, la actitud y el bienestar financiero en los Millennials de Arequipa. De esta manera, se propone un modelo teórico que busca explicar cómo estas variables interactúan entre sí, aportando evidencia empírica que contribuya al desarrollo de la literatura existente y al diseño de estrategias más efectivas de educación e intervención financiera.
La resiliencia financiera se concibe como la capacidad de adaptarse, resistir y recuperarse frente a perturbaciones económicas; opera como una causa estructural que reduce la vulnerabilidad financiera y mejora el bienestar de manera sostenible. Cuando las personas desarrollan competencias para anticipar riesgos, optimizar recursos y tomar decisiones estratégicas, aumentan su estabilidad económica y disminuyen el estrés financiero (Curry, 2025). La evidencia empírica sugiere, además,
que la resiliencia financiera funciona como mecanismo mediador entre conocimiento y actitud financiera, amortiguando impactos y fortaleciendo la seguridad psicológica (Balea-Stanciu et al., 2025). Desde una perspectiva multidimensional, la resiliencia financiera emerge de la activación conjunta de recursos internos (conocimientos y conductas) y externos (ingresos, ahorro, productos financieros y capital social). El modelo de Salignac et al. (2019) muestra que la combinación de recursos económicos, servicios financieros, conocimiento y capital social sitúa a los individuos en un continuo que va de alta vulnerabilidad a alta resiliencia financiera, con efectos directos sobre el bienestar financiero (Carton et al., 2024; García-Santillán et al., 2024). Por su parte, la actitud financiera refleja la predisposición cognitiva, afectiva y conductual hacia prácticas como ahorro, planificación y control del gasto. Una actitud financiera orientada a la previsión, la responsabilidad y el autocontrol conduce a comportamientos más racionales frente a la incertidumbre, reduce la vulnerabilidad y fortalece el bienestar financiero (Talwar et al., 2020; Rai et al., 2019; García Mata et al., 2021; Sangeeta et al., 2022; Bushra et al., 2023). El bienestar financiero es un fenómeno integral y bidireccional que afecta la estabilidad económica y la capacidad para enfrentar la incertidumbre, y a la vez se ve afectado por la calidad de las decisiones financieras (Laila et al., 2025; Sabri et al., 2025; Balatif et al., 2024; Gunawan et al., 2025; Buchtová & Dare, 2025; Santini et al., 2025). Así, el bienestar financiero impacta en sus dimensiones seguridad financiera, tranquilidad financiera, libertad financiera, satisfacción con la gestión financiera, mejorando la calidad de vida y la sostenibilidad a largo plazo (Vieira et al. 2023).
Si bien el bienestar financiero se ha consolidado como componente clave del bienestar económico y psicológico, y la resiliencia financiera se entiende como la capacidad de ‘rebotar’ frente a perturbaciones mediante recursos y capital social, persisten lagunas en los modelos explicativos. Con frecuencia se privilegian la alfabetización y el comportamiento financiero, dejando de lado la actitud financiera como factor causal que activa dichas capacidades, lo que limita la validación de la ruta actitud financiera, resiliencia financiera, bienestar financiero (Salignac et al., 2019). Estudios en EE. UU. confirman que una mayor resiliencia financiera se asocia con mejores resultados y menor fragilidad, pero generalmente no consideran el papel de la actitud financiera (Clark & Mitchell, 2022; Clark, Lusardi, & Mitchell, 2025). Aunque se reconoce que la resiliencia financiera amortigua shocks y mejora la satisfacción,
aún falta explicar cómo disposiciones como la planificación o el autocontrol contribuyen a fortalecerla (Curry, 2025). Además, la medición de la resiliencia financiera sigue siendo fragmentada y heterogénea, sustentada en índices autorreportados y poblaciones específicas, lo que dificulta comparaciones y análisis causales (Chen, 2021; Sangeeta et al., 2022). Predominan diseños transversales sin mediaciones formales, incluso cuando la actitud financiera predice conductas bajo estrés (Talwar et al., 2020; Bushra et al., 2023). La evidencia sectorial ofrece trayectorias parciales: en estudiantes, el capital financiero moldea la actitud financiera (Loza et al., 2024); en MYPE, la actitud financiera media entre alfabetización y conducta (Widayanti et al., 2025); y en jóvenes, educación y fintech generan efectos indirectos (Balatif et al., 2024). Metaanálisis recientes confirman efectos positivos de capacidades y actitudes sobre el bienestar financiero y subrayan la necesidad de modelamiento de ecuaciones estructurales longitudinal, análisis factorial confirmatorio y escalas armonizadas (Santini et al., 2025). Aunque las conductas financieras disciplinadas explican el bienestar financiero con mayor fuerza que la exposición a shocks, su papel como mecanismos mediadores vía resiliencia financiera sigue insuficientemente demostrado (Clark & Mitchell, 2022; Salignac et al., 2019; Rai et al., 2019; Talwar et al., 2020; Bushra et al., 2023). En conjunto, estas brechas justifican el desarrollo y contraste de un modelo explicativo integrado que incorpore la actitud financiera como antecedente que activa la resiliencia financiera y, a través de ella, mejore el bienestar financiero, validando esta relación mediante modelo transversal (Mahendru et al., 2025; Stephens et al., 2025; Muat et al., 2025).
La investigación de Salignac et al. (2019) plantea que, para comprender y medir la resiliencia financiera, buscando ir más allá de los enfoques tradicionales que suelen centrarse únicamente en la inclusión financiera. Este modelo integra cuatro componentes que se relacionan entre sí: (1) los recursos económicos disponibles, compuesto por; ahorros, gestión de deudas y la capacidad para enfrentar gastos imprevistos; (2) acceso y demanda a servicios financieros; (3) el conocimiento y el comportamiento financiero de las personas; y (4) el capital social, entendido como las redes de apoyo formales e informales. Desde esta perspectiva, la resiliencia financiera es vista como un proceso dinámico que depende de recursos tanto internos como externos, y que además se ve influido por diversos factores de vulnerabilidad, como el estatus económico, la salud mental o el optimismo. En conjunto, la resiliencia
financiera se define como la capacidad de acceder y movilizar estos recursos cuando se atraviesan situaciones de adversidad económica.
Un modelo de mediación y moderación presentado por Curry, (2025) busca comprender cómo interactúan de manera dinámica la alfabetización financiera, la resiliencia y el bienestar emocional. El eje central de esta propuesta es la denominada “hipótesis del amortiguador de resiliencia”, que plantea que la resiliencia financiera actúa como un puente que transforma el conocimiento financiero en mayores niveles de bienestar emocional. Junto con ello, el modelo incorpora dos hipótesis moderadoras que permiten entender mejor las diferencias entre grupos: la “hipótesis de amplificación socioeconómica”, que sugiere que el impacto de la alfabetización financiera es más fuerte en personas de bajos ingresos, y la “hipótesis de la brecha de confianza financiera de género”, que sostiene que la menor participación financiera de las mujeres se debe, principalmente, a menores niveles de confianza y no a una falta de conocimiento. De este modo, la resiliencia se concibe como un mecanismo psicológico esencial capaz de convertir el saber financiero en estabilidad emocional, un proceso influido por factores como la condición socioeconómica y el género
El estudio de García Santillán et al. (2024) presenta un modelo de la resiliencia financiera basado en tres dimensiones que se encuentran estrechamente vinculadas entre sí: (1) la percepción hacia los indicadores de salud financiera, que recoge cómo las personas interpretan su propia estabilidad económica; (2) las experiencias vividas hacia los indicadores de salud financiera, relacionadas con los eventos y desafíos económicos que han enfrentado; y (3) las acciones para enfrentar crisis financieras, que reflejan las estrategias conductuales utilizadas ante situaciones de adversidad. El núcleo de este modelo es la idea de que la resiliencia financiera constituye un fenómeno que no depende del género. En otras palabras, la capacidad para gestionar dificultades económicas no presenta diferencias significativas entre hombres y mujeres, cuando se consideran sus percepciones, experiencias y acciones frente a la salud financiera.
De acuerdo con los objetivos planteados y el marco teórico revisado, se proponen las siguientes hipótesis de investigación:
H1: La resiliencia financiera tiene una relación con el bienestar financiero en los Millennials de Arequipa.
H2: La actitud financiera tiene una relación con el bienestar financiero en los Millennials de Arequipa.
H3: La resiliencia financiera tiene una relación con la actitud financiera en los Millennials de Arequipa.
Materiales y métodos
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE, 2020) propone un enfoque integrador donde la resiliencia financiera emerge como un resultado observable de competencias y prácticas financieras. En su marco, la resiliencia se define como una capacidad multidimensional para enfrentar choques económicos, compuesta por: control del dinero, prudencia en el gasto, disponibilidad de un colchón financiero, estrategias ante déficits, planificación/ahorro y conciencia del fraude. Dentro de estos componentes, el colchón financiero constituye el núcleo del constructo por su vínculo directo con la preparación ante pérdida de ingresos y la reducción del estrés financiero; de hecho, una proporción relevante de adultos reporta poder sostenerse solo por un periodo muy corto sin ingresos, revelando vulnerabilidad estructural. Este enfoque permite anclar empíricamente la resiliencia financiera en indicadores conductuales y de recursos.
El estudio de Vieira et al. (2023) propone un modelo teórico de segundo orden para evaluar el bienestar financiero percibido (PFWBS), el cual integra cuatro dimensiones clave: seguridad financiera, tranquilidad financiera, libertad financiera y satisfacción con la gestión financiera. Este modelo se sustenta en el enfoque del bienestar subjetivo, entendiendo que las percepciones individuales sobre estabilidad, control y posibilidades financieras son tan relevantes como los indicadores objetivos. Entre estos constructos, la libertad financiera emerge como el componente más influyente, al reflejar la capacidad del individuo para disfrutar de la vida, mantener un estilo de vida deseado y realizar elecciones financieras autónomas. Este énfasis reconoce la importancia de evaluar no solo la estabilidad económica, sino también la capacidad percibida para vivir con autonomía y bienestar. (Vieira et al., 2023)
El artículo de Potrich et al. (2015) propone un modelo factorial de segundo orden donde la alfabetización financiera se compone de tres constructos:
conocimiento financiero, comportamiento y actitud financiera. Dentro de este modelo, la actitud financiera se define como una combinación de conceptos, información y emociones que generan una predisposición favorable hacia la gestión del dinero, influyendo directamente en decisiones responsables. Este constructo constituye un eje crucial porque orienta la manera en que los individuos valoran el ahorro, la planificación y el control financiero, sirviendo como base motivacional del comportamiento. Además, se desarrolla mediante experiencias directas y condicionamientos, lo que explica su papel central en el modelo integral de alfabetización financiera. (Potrich et al., 2015)
Esta Investigación tiene un enfoque cuantitativo, no experimental, de corte transversal y descriptiva. La población de estudio comprende la generación de los Millennials de Arequipa, para medir las variables resiliencia financiera, actitud financiera y bienestar financiero se adaptó instrumentos de artículos científicos existentes y medibles utilizando como base el modelo propuesto por la OCDE (2020), Potrich et al. (2015) y Vieira (2023) quienes, para medir dichas variables, obtenidos a través de un análisis estadístico a partir de una muestra de 483 individuos, donde se aplicó el instrumento de la encuesta donde cada ítem ha sido evaluado utilizando una escala tipo Likert de 7 puntos, donde 1 representa totalmente en desacuerdo y 7 corresponde a "totalmente de acuerdo”.
El modelo teórico propuesto busca representar las relaciones entre las tres variables centrales del estudio: resiliencia financiera, actitud financiera y bienestar financiero. Este modelo se fundamenta en la revisión de la literatura y en las hipótesis planteadas, y será sometido a contrastación empírica mediante análisis estadístico.
Se considera como Millennials a las personas nacidas entre 1982 y 2000 (Chirinos, 2009). Según la autora, diversos acontecimientos marcaron a esta generación, entre ellos el avance de la informática y la expansión de internet, el incremento de las temperaturas globales, el dinamismo financiero de la década de 1990 y los episodios de terrorismo que impactaron a diferentes países. Estos hechos influyeron en el contexto económico y social que caracterizó dicho periodo.
Para delimitar la población objetivo del estudio, se utilizó información proporcionada por la Gerencia Regional de Salud (2024), la cual evidencia una tendencia creciente en este grupo etario, registrándose un total de 415 072 personas. Asimismo, de acuerdo con la presidencia del consejo de ministros (2019), la
investigación se centró en los distritos clasificados como A1, es decir, aquellos con más de 250 mil habitantes, los cuales se detallan en la Tabla 01. Al sumar la población Millennial correspondiente a estos distritos, se identificaron 383 739 personas, a partir de las cuales se seleccionó la muestra del presente estudio.
Luego de mapear la población de estudio se ha calculado la muestra de la investigación, considerando los siguientes criterios estadísticos, como el nivel de confianza (95%), error muestral (5%), la probabilidad de éxito y fracaso (0.50). Se utilizó alfa de Cronbach para la confiabilidad interna de la encuesta, donde se evidencia que en todos los casos superan el umbral de 0.70, lo que indica que los instrumentos están midiendo de manera adecuada cada variable.
Resultados
El análisis de las unidades de estudio según la tabla 1 muestra que la mayoría de los encuestados cuenta con educación básica (33.4%) y formación técnica (32.4%), mientras que el 34.2% posee estudios universitarios. En relación con el sexo, se identificó que el 67.6% corresponde a participantes hombres y el 32.4% a mujeres.
Respecto al distrito de residencia, destacan Cerro Colorado (17.8%), Paucarpata (11.6%) y Cayma (10.4%), considerados zonas urbanas y con alta concentración poblacional. En contraste, Mollebaya, Sabandía y Characato presentan una participación mínima, lo cual se atribuye a que son distritos predominantemente agrícolas y con menor densidad poblacional.
Tabla 1
Categorías | Frecuencia | Porcentaje |
Educación básica | 161 | 33.4% |
Técnico | 156 | 32.4% |
Universitario | 165 | 34.2% |
Femenino | 156 | 32.4% |
Masculino | 326 | 67.6% |
Alto Selva Alegre | 32 | 6.6% |
Arequipa | 30 | 6.2% |
Cayma | 50 | 10.4% |
Cerro colorado | 86 | 17.8% |
Characato | 6 | 1.2% |
Jacobo Hunter | 31 | 6.4% |
José Luis Bustamante y Rivero | 36 | 7.5% |
Mariano Melgar | 22 | 4.6% |
Miraflores | 29 | 6.0% |
Mollebaya | 3 | 0.6% |
Paucarpata | 56 | 11.6% |
Sabandía | 3 | 0.6% |
Sachaca | 17 | 3.5% |
Socabaya | 35 | 7.3% |
Tiabaya | 13 | 2.7% |
Yanahuara | 17 | 3.5% |
Yura | 16 | 3.3% |
Nota: Elaboración propia basada en la encuesta aplicada
A partir de los resultados obtenidos en la prueba de normalidad Kolmogorov-Smirnov, siguiendo el criterio propuesto por Romero-Saldaña (2016), se puede afirmar que los datos no presentan una distribución normal. Tal como se observa en la Tabla 2, los valores de significancia asociados a las variables resiliencia financiera, actitud y bienestar financiero son inferiores al nivel crítico de 0.05 (Sig. = 0.000 en todos los casos).
En la tabla 2 estos resultados indican que existe evidencia estadística suficiente para rechazar la hipótesis nula de normalidad, lo que implica que la distribución de los datos difiere significativamente de una distribución normal. En consecuencia, se descarta el supuesto de normalidad en las tres variables analizadas y en sus respectivas dimensiones.
Por lo tanto, considerando que los datos no cumplen con los criterios de normalidad, se establece la necesidad de emplear pruebas estadísticas no paramétricas en el análisis posterior, ya que estas no requieren el cumplimiento del supuesto de distribución normal y permiten obtener resultados más adecuados y confiables en función de las características observadas en los datos.
Tabla 2
Pruebas de normalidad | |||
Kolmogorov-Smirnova | |||
Estadístico | gl | Sig. | |
Resiliencia financiera | 0.072 | 482 | 0.000 |
Actitud financiera | 0.169 | 482 | 0.000 |
Bienestar financiero | 0.107 | 482 | 0.000 |
a. Corrección de significación de Lilliefors | |||
Nota: Datos procesados por SPSS IBM versión 26
A partir de los resultados presentados en la matriz de correlaciones Rho de Spearman, y considerando un nivel de significancia de 0.05, se procede a la interpretación de las relaciones entre las variables resiliencia financiera, actitud financiera y bienestar financiero.
En primer lugar, según a la tabla 3 la relación entre resiliencia y actitud financiera muestra un coeficiente de correlación de 0.033, con un valor de significancia bilateral de 0.474, superior a 0.05. Este resultado indica la existencia de una correlación positiva muy débil y no significativa, lo que sugiere que no existe una relación estadísticamente significativa entre ambas variables. Por tanto, los cambios en resiliencia financiera no se asocian de manera relevante con variaciones en actitud financiera dentro de la muestra analizada.
En segundo lugar, de acuerdo con la tabla 3 la relación entre resiliencia financiera y bienestar financiero presenta un coeficiente de correlación de -0.083, con una significancia bilateral de 0.070, también mayor a 0.05. Este hallazgo evidencia una correlación negativa muy débil y estadísticamente no significativa, lo que permite inferir que no existe una relación relevante entre resiliencia financiera y bienestar financiero. En consecuencia, la variable resiliencia financiera no guarda una asociación significativa con la variable bienestar financiero en el contexto del estudio.
Por otro lado, la relación entre actitud financiera y bienestar financiero según la tabla 3 arroja un coeficiente de correlación de 0.097, acompañado de un nivel de significancia de 0.033, inferior al umbral de 0.05. Este resultado indica la presencia de una correlación positiva baja, pero estadísticamente significativa, lo que sugiere que existe una relación directa entre
ambas variables. Es decir, a medida que actitud financiera aumenta, también tiende a incrementarse bienestar financiero, aunque esta relación es de baja intensidad.
En términos generales, los resultados evidencian que únicamente la relación entre actitud financiera y bienestar financiero es significativa, mientras que las asociaciones que involucran a resiliencia financiera no presentan significancia estadística. Esto permite concluir que resiliencia financiera no mantiene una relación relevante con las otras variables estudiadas, mientras que actitud y bienestar financiero sí muestran una vinculación positiva, aunque débil, en la muestra analizada.
Tabla 3
Correlaciones | |||||
Resiliencia financiera | Actitud financiera | Bienestar financiero | |||
Rho de Spearman | Resiliencia financiera | Coeficiente de correlación | 1.000 | 0.033 | -0.083 |
Sig. (bilateral) | 0.474 | 0.070 | |||
N | 483 | 483 | 483 | ||
Actitud financiera | Coeficiente de correlación | 0.033 | 1.000 | ,097* | |
Sig. (bilateral) | 0.474 | 0.033 | |||
N | 483 | 483 | 483 | ||
Bienestar financiero | Coeficiente de correlación | -0.083 | ,097* | 1.000 | |
Sig. (bilateral) | 0.070 | 0.033 | |||
N | 483 | 483 | 483 | ||
*. La correlación es significativa en el nivel 0,05 (bilateral).
Nota: Datos procesados por SPSS IBM versión 26
Discusiones
A la luz de los resultados obtenidos, los hallazgos del presente estudio evidencian una relación débil o no significativa entre la resiliencia y el bienestar financiero, así como entre la resiliencia financiera y la actitud financiera en los Millennials de Arequipa. Estos resultados contrastan parcialmente con modelos teóricos que proponen a la resiliencia financiera como un factor estructural clave para amortiguar choques económicos y mejorar resultados financieros (Salignac et al., 2019; Curry, 2025). Sin embargo, esta discrepancia puede explicarse por el carácter transversal del estudio y por la naturaleza multidimensional y dinámica de la resiliencia financiera, la cual suele manifestar sus efectos de manera acumulativa y en contextos de adversidad explícita. Tal como señalan Chen (2021) y Sangeeta et al. (2022), la medición de la resiliencia financiera mediante instrumentos autorreportados y en muestras relativamente homogéneas puede limitar la identificación de relaciones directas significativas. Asimismo, estudios recientes indican que la resiliencia financiera opera con mayor fuerza como variable mediadora o moderadora, más que como predictor directo del bienestar financiero, lo cual sugiere la necesidad de modelos analíticos más complejos, como ecuaciones estructurales o diseños longitudinales (Clark & Mitchell, 2022; Santini et al., 2025).
Por otro lado, la relación positiva y estadísticamente significativa entre la actitud y el bienestar financiero, aunque de baja intensidad, respalda de manera consistente la evidencia previa que destaca el papel central de las actitudes financieras en la generación de estabilidad y satisfacción económica. Los estudios de Talwar et al. (2020); Bushra et al. (2023); Buchtová & Dare (2025) han demostrado que disposiciones como el autocontrol, la planificación y la orientación al ahorro influyen directamente en la percepción de seguridad y tranquilidad financiera, incluso por encima del conocimiento estrictamente cognitivo. En línea con el modelo de Potrich et al. (2015) y Vieira et al. (2023), estos resultados refuerzan la idea de que el bienestar financiero es un constructo subjetivo, estrechamente vinculado a factores psicológicos y actitudinales. En este sentido, los hallazgos sugieren que, en contextos urbanos
como Arequipa y en generaciones expuestas a alta incertidumbre económica, la actitud financiera actúa como un antecedente más inmediato del bienestar financiero, mientras que la resiliencia financiera requeriría condiciones contextuales, temporales o estructurales adicionales para desplegar plenamente su efecto. Estos resultados contribuyen a la literatura al evidenciar la necesidad de integrar la actitud financiera como eje central en programas de educación e intervención financiera orientados al fortalecimiento del bienestar financiero.
Conclusiones
En conclusión, los resultados del estudio evidencian que, en la muestra de Millennials de Arequipa, la actitud financiera constituye un factor relevante y significativamente asociado al bienestar financiero, mientras que la resiliencia financiera no muestra una relación directa significativa ni con el bienestar ni con la actitud financiera. Estos hallazgos sugieren que, en contextos urbanos caracterizados por alta incertidumbre económica y trayectorias laborales inestables, el bienestar financiero se ve más influido por disposiciones psicológicas y cognitivas inmediatas, como el autocontrol, la planificación y la orientación al ahorro, que, por capacidades estructurales de adaptación ante choques económicos, las cuales podrían manifestarse en horizontes temporales más amplios o bajo escenarios de adversidad más explícitos. En coherencia con la literatura revisada, los resultados refuerzan la necesidad de concebir la resiliencia financiera como un constructo con seis dimensiones de naturaleza subjetiva y destacan la importancia de asociar la actitud financiera y bienestar financiero. Asimismo, el estudio aporta evidencia empírica que justifica el desarrollo de investigaciones futuras con enfoques longitudinales y modelos de mediación, a fin de comprender de manera más integral el rol dinámico de la resiliencia financiera en la construcción sostenible del bienestar financiero.
Referencias bibliograficas
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